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La convulsión en la infancia es una de las urgencias más frecuentes desde el punto de vista neurológico. De hecho, un porcentaje importante de niños y niñas la padecerán sobre todo entre los 6 meses y cinco años.
La convulsión consiste en una descarga neuronal que puede ocasionar desde cuadros de movimientos incoodinados de miembros superiores e inferiores, son las denominadas tónico-clónicas generalizadas, hasta cuadros de ausencia, sin presentar movimientos convulsivos, son las denominadas aquinéticas. Además las podemos clasificar en sintomáticas cuando son secundarias a una enfermedad aguda o a un desencadenante transitorio como es la fiebre e idiopáticas cuando no tienen relación con ningún estímulo agudo y son recurrentes en el tiempo; es el caso de la epilepsia cuyo abordaje lo realizaremos en otro artículo.
Centrándonos en las sintomáticas y de forma cronológica podemos encontrarnos en el periodo neonatal inmediato con recién nacidos que presentan convulsiones por una situación de alteración del bienestar fetal intraútero con falta de oxígeno que hace que el bebé al nacer presente un cuadro neurológico caracterizado por las convulsiones y asociado a otros problemas en distintos órganos. Por otro lado el neonato puede convulsionar cuando presenta una alteración metabólica como falta de glucosa, calcio o incluso si tiene deprivación de alguna sustancia que la madre haya abusado durante el embarazo como puede ser el alcohol o las drogas.
A partir del 6º mes de vida, la 'Reina de la Convulsiones' es la causada por la fiebre pudiendo ser simples o generalizadas cuya duración es menor de 15 minutos y complejas, focales y recurrentes cuya duración puede superar los 15 minutos y su pronóstico es más grave. Las reincidencias ante un cuadro febril son habituales (hasta un 30%) y si la primera convulsión se produjo antes de los 12 meses o existen antecedentes familiares, las posibilidades de repetición aumentan. Ante una primera convulsión febril, los neuropediatras no suelen hacer nada, el EEG no está indicado si se da en un niño sano y la convulsión fue simple, sin embargo si se trata de una recurrente si que realizarán dicha prueba.
Cuando un niño o una niña convulsionan por fiebre, deberemos de bajarla empleando paracetamol o ibuprofeno como antipiréticos, colocarlo de lado manteniendo la vía aérea libre de secreciones. Lo normal es que ceda sin medicación abocándolo a un estado post ictal con desmadejamiento y en algunos casos pérdida de la conciencia. Deberemos de acudir a un servicio de urgencias donde el facultativo deberá diagnosticar la causa de la fiebre y aplicar las medidas oportunas para evitar que se repita en las horas sucesivas. Ante un cuadro de convulsión febril, posiblemente os recomienden unos enemas de diazepan para que se los pongáis por vía rectal si la convulsión se repite. Esto os puede ayudar a detener la crisis pero en muchos casos se produce igual.
Existen otras convulsiones más graves secundarias a cuadros de origen neurológico como son las meningitis y encefalitis cuyo diagnóstico se hará realizando una punción lumbar y las hemorragias y tumores cerebrales para cuyo diagnóstico será necesario realiza una resonancia nuclear magnética (RNM). Estos cuadros son mucho más complicados y la convulsión solo es un síntoma acompañante, lo verdaderamente dramático es la enfermedad que lo ocasiona.
FERNANDO GARCÍA-SALA VIGUER | *PEDIATRA Nº COLEGIADO 7565 www.clinicagarciasala.es
