Salud

Los peligros del verano

02-VII-08. La temporada estival cambia nuestro estilo de vida, dieta y hábitos, no sólo por las vacaciones, sino también por las condiciones meteorológicas y la mayor duración del día

Los cambios meteorológicos y de hábitos que se dan en esta época del año también tienen su reflejo en nuestra salud. El efecto más evidente es la mayor duración del día, lo que incrementa la exposición lumínica y favorece un mayor tono vital. La luz genera un biorritmo que permite prolongar la actividad a lo largo del día y estimula el estado de ánimo.

Poco a poco se produce un aumento de la temperatura, que se hace presente no sólo por la mañana y la tarde, sino también por la noche. El organismo tiene la capacidad de adaptarse con facilidad a todos los cambios que aparezcan en su entorno. Ahora bien, esa capacidad tiene límite. El calor actúa como un elemento nocivo que contrarresta las ventajas de disponer de una mayor duración del día.

Es habitual que a lo largo de las horas haya cambios significativos en la temperatura. Resulta difícil conseguir una indumentaria que se adapte a todos ellos. El empleo de aire acondicionado tiene también desventajas, ya que favorece la aparición de problemas respiratorios u otorrinolaringológicos.

Cuando hace mucho calor, el organismo sufre considerablemente, sobre todo en el manejo de los líquidos corporales, lo que se complica cuando se sufre algún deterioro previo de tipo neurológico, cardiológico, renal, metabólico o respiratorio.

Además aparecen otros cambios relacionados con la llegada de las vacaciones. No sólo se modifica el ritmo laboral, sino también todo lo relacionado con la vida familiar, como sucede con los más pequeños y jóvenes al abrirse el período vacacional sin actividades escolares. El ritmo de vida se modifica sustancialmente y se debe adaptar a las nuevas necesidades.

La alimentación se adapta. Llegan alimentos frescos en abundancia, que permiten llevar una dieta más sana. La ingesta de líquidos resulta más importante. Beber agua es fundamental -sobre todo para los mayores y los más pequeños-, aunque a veces se tiende a abusar de otros tipos de bebida que no son tan sanas por su contenido en hidratos de carbono o gas.

El organismo puede aguantar bien los cambios en la dieta. Por el contrario, cuando se cae en el desorden y el consumo de productos no propios de una alimentación equilibrada aparecen con frecuencia cambios en el ritmo intestinal. Dentro de esas actividades propias del verano, no se puede olvidar el ejercicio físico pero que debe realizarse con precaución si existen problemas de salud o un sedentarismo previo importante.

El biorritmo se adapta también a todos esos cambios. De hecho, la hora de irse a dormir puede retrasarse, aunque se mantenga la calidad del sueño salvo cuando las condiciones climatológicas resultan especialmente adversas -calor sofocante o humedad elevada-.

Por otro lado, aunque el biorritmo se modifique de forma limitada al incrementarse las actividades de ocio o intentar aprovechar mejor esa duración del día, en otros casos, también puede alterarse considerablemente. Se tiende a trasnochar pretendiendo a la vez mantener un ritmo de trabajo o una vida laboral activa al mismo nivel. Esos cambios son más intensos cuando aparecen a lo largo de las vacaciones. Aunque el organismo puede adaptarse lo hace de forma limitada y siempre aparecen problemas relacionados con esas alteraciones.

El ocio es parte fundamental de esta época del año. Se busca cada vez más en actividades extraordinarias, algo que supone un esfuerzo considerable para el organismo, al que suele costarle seguir un ritmo intenso cuando realmente se debe vivir un período de descanso. Se empieza a apreciar como hay personas que vuelven de las vacaciones todavía más agotadas.



Lo más destacado

Los cambios meteorológicos y de hábitos que se dan en verano también tienen su reflejo en nuestra salud. El efecto más evidente es la mayor duración del día, lo que incrementa la exposición lumínica y favorece un mayor tono vital.

El calor actúa como un elemento nocivo que contrarresta las ventajas de disponer de una mayor duración del día.
Beber agua es fundamental -sobre todo para los mayores y los más pequeños.

Dentro de esas actividades propias del verano, no se puede olvidar el ejercicio físico pero que debe realizarse con precaución si existen problemas de salud o un sedentarismo previo importante.